Dirigido a niños de 12 años,
3er ciclo de primaria y para un tiempo en el que está tan de moda apuntar a los
chicos a todo tipo de actividades extraescolares. La idea me surgió al recordar
una anécdota que viví hace muchos años cuando estaba realizando la prueba de
acceso en una escuela de música, le pregunté a un niño que tenía al lado:
-¿Qué instrumento vas a poner
como preferido?, me dijo:
-no sé cuál es el que le gusta
a mi padre….
Se basa en el nefasto empeño
que tienen algunos padres de apuntar a sus hijos a tocar instrumentos que no
les gustan (habitualmente violín y piano…). Para realizar mi adaptación me ha
parecido divertido cambiar el sexo de los personajes, muere el padre y el
protagonista es un chico. La línea temporal ha cambiado, sucede todo en un día,
me parece más real, hoy en día no es tan fácil que un niño de 12 años esté
varios días de casa sólo por la calle, Le he quitado al cuento el tono meloso de
príncipes y princesas y me he inventado una historia con un personaje más
cercano que un lejano príncipe, respetando los siguientes puntos:
·
Un chico se siente mal por la decisión que toma
su madre.
·
Esta decisión está basada en una promesa que él
no hizo.
·
Pone trabas para la realización de esta promesa.
·
Ante la tozudez de la madre, se va de casa.
·
Vive una experiencia que le ayuda a cambiar su
realidad.
·
Final feliz
He variado el final, prefiero
no “animar” a los receptores de casa a marcharse de casa y no volver…. Doy paso
al diálogo con la familia y a ver que “hablando se entiende la gente”.
Espero haber acertado con la
idea y no haberme salido mucho de las pretensiones de la actividad.
Música en el Callejón
Hace unos años conocí un chico
que se llamaba Martín, tenía 12 años y se quedó huérfano de padre nada más
nacer. De Jairo, su padre, lo que más tenía presente era la música, él había
sido el mejor pianista de la ciudad, incluso del país. Toda su vida giró en
torno al piano. Era tal su afición que antes de morir le dijo a su mujer que
hiciera realidad uno de sus últimos deseos, que cuando su hijo Martín creciera
tocara el piano que él tantas veces había acariciado con sus grandes y
alargadas manos aterciopeladas. Que entregara su vida y vocación a la música y
dentro de ella al aprendizaje de este instrumento.
Con el paso de los años Martín
adquirió afición y un extraordinario oído musical, entonces llegó el momento de
elegir el instrumento con el cual iba a continuar sus estudios musicales. Como
era de esperar, su madre le contó el deseo que Jairo le comunicó antes de morir
y a la hora de escoger instrumento en el conservatorio no dio más opción de
elección que el piano.
Martín tenía otros planes, no
era su promesa y él no había participado en nada de lo anteriormente acordado, siempre
había tocado el piano pero lo que de veras le emocionaba y de siempre le había
gustado era el profundo y envolvente sonido de la trompa. Entonces, ante la
negativa de su mamá al proponer como instrumento la trompa ideó una serie de excusas
para que los planes de su madre se fueran al traste y así poder tocar la
trompa, le dijo:
-
De acuerdo mamá, pero ten en cuenta que papá
descubrió sus mejores melodías con un piano de cola y nosotros sólo tenemos uno
de pared, el sonido será distinto...
-
¡No importa Martín!, le dijo la madre. Ya he
pedido al conservatorio que me devuelvan el piano de tu padre, así que si es
por eso, no te preocupes...
-
Pero mamá, si traemos el piano de papá no
tenemos donde meterlo, no cabe en casa.
-
¡No importa Martín!, le dijo la madre. También
pensé en esto, con la herencia de tu padre podremos comprar otra casa y así
tener el espacio suficiente para que puedas aprender.
-
Pero, pero, mamá…si nos cambiamos de casa no podré
seguir viendo a mis amigos.
-
¡Martín, así lo quería tu padre y así será!. No
tienes edad para tomar ciertas decisiones.
Esa noche fue una de las más
largas que Martín había pasado desde hacía mucho tiempo. No durmió nada del
disgusto y a la mañana siguiente, cuando salía para el colegio, sabía
perfectamente que no volvería a su casa.
Sin rumbo fijo pero sabiendo
que no quería tocar el piano se alejó del barrio.
Mientras iba caminando, después
de vagar durante varias horas y atravesando un callejón se encontró a una banda
de música callejera. Una chica tocaba una guitarra, otro tenía un contrabajo y
el más bajito golpeaba un cajón. Hipnotizado por el cadente sonido de la
melodía se acercó y se puso a escuchar. La guitarrista se quedó un poco
asombrado al ver que el chaval se quedaba junto a ellos, no llevaba prisa, pero
de repente hubo algo que la sorprendió, la cara de disgusto que ponía Martín cada vez
que empezaba el estribillo de una de las canciones. No era algo usual, había
conexión, inmediatamente se percató de que el chaval sabía música. Le dijo:
-Eh chaval, ¿qué pasa?, te
suena mal, ¿verdad?, ¿tú sabes música?.
-Martín, un poco asustado no
quiso reconocer la realidad que había descubierto el guitarrista y se hizo el
loco encogiéndose de hombros.
Con la siguiente canción Martín
también comenzó a poner caras de asombro, el guitarrista una vez más se le
quedó mirando, pensaba para sus adentros, este chico tiene que saber música,
pero él lo negaba en todo momento, decía que nunca había visto ni tocado un
instrumento.
-Con la tercera canción se disipó
toda duda, la morena de la guitarra una vez más se puso a tocar pero esta vez
preparó una pequeña trampa musical, iba a introducir en una de las partes del
tema una variación de medio tono, la cual sólo un músico avezado sería capaz de
descubrir.
Comenzó a sonar la canción y en
el momento preciso llegó el desafine, Martín pasó de tener los ojos cerrados
embelesado por la suave melodía a fruncir el ceño y mirar con asombro al
terceto. En ese momento la guitarrista paró de tocar y se dirigió a Martín:
Mira chaval, llevo tres canciones observándote
y a mí no me la das, tú eres músico y de esto no me cabe la menor duda. Le
contó el ingenio de la trampa y Martín comenzó a sollozar y a explicarle lo
sucedido con su madre y el deseo de su padre.
La guitarrista estuvo hablando
largo y tendido con él, le habló de las difíciles y a veces incomprensibles
decisiones que toman los padres, de que intentara hablar con su madre y que
antes de poner trabas y excusas hablara de su verdadera ilusión, y que estaba
segura que su padre amaba la música antes que el piano, se podía explicar de
esta manera.
Ese día Martín volvió tarde a
casa, su madre estaba esperando muy preocupada, hablaron mucho, se explicaron
muchas cosas, hablaron de promesas, de recuerdos, de música, y que a partir de
ese momento, en esa casa y ante las decisiones importantes se tendría en cuenta
la opinión de Martín.
Y colorín colorado este cuento...perdón, esta historia se ha acabado..
Bueno... la verdad es que no te has salido del esqueleto del cuento y has realizado una adaptación actualizada que respeta el esqueleto original. ¡Enhorabuena!, la actividad está perfecta.
ResponderEliminarAhora, mi propia recomendación: al actualizar tanto la historia, has eliminado todo el carácter mágico y legendario que tienen los que Propp llamó cuentos maravillosos. Has hecho un cuento... perdón, una historia que, si no hubiera nacido de la actividad que os propuse, sería un gran relato de literatura de autor pero nadie reconocería en él la vida que los textos folclóricos acumulan a lo largo de los siglos. Cuando trabajes con tus alumnos busca tiempos y momentos para todo: para reconocerse y situarse en la vida actual pero también para que sueñen, imaginen y fantaseen sobre esa imagen romántica del medievo que los cuentos folclóricos nos ofrecen y para que reciban, de forma más o menos consciente, los símbolos que se han construido a través de los siglos y nos hablan de los deseos más profundos de los hombres.
Cierto Irune, y mira que me gusta fantasear...analizando la historia le he quitado por completo el carácter mágico del cuento...GRACIAS!!
ResponderEliminarA mi me ha parecido muy original, eso si, ¿de texto folclórico poco eh?
ResponderEliminarLo que si te digo es que me he quedado con ganas de más, después de leer el tramo de la guitarrista, cuando estaba mas enganchado, se ha acabado la historia... Eso es bueno, o no?